Suffer the Children, Carl H. Bloch

Bloch es uno de los grandes pintores religiosos daneses del siglo XIX. Pintó esta escena al óleo sobre cobre, una técnica que favorece la precisión del detalle y la nitidez del color.

Jesús recibe a los niños y los bendice, mientras los discípulos habían querido apartarlos. La escena nos invita a contemplar el contraste entre la actitud de quienes pretenden impedir el acercamiento y la ternura de Jesús, que acoge a quienes otros podían considerar insignificantes y los coloca en el centro de su atención.

Con el realismo característico de la pintura académica del siglo XIX, Bloch concentra nuestra mirada en Jesús, cuyo gesto expresa cercanía y acogida. A su alrededor, los niños se aproximan con espontaneidad.

No hay grandilocuencia: la grandeza de la escena reside en la sencillez del gesto de Jesús, que recibe a los más pequeños y les concede un lugar privilegiado.

La obra nos recuerda que, en el Evangelio, la grandeza no se mide por el poder, sino por la capacidad de acoger, amar y hacerse pequeño.

“Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos” (Mc 10,14).

Los discípulos creían que debían apartar a los niños. Pero el Evangelio dice que Jesús “se indignó” (Mc 10,14). Su reacción nos interpela: ¿qué barreras ponemos en nuestras parroquias y familias, quizá sin advertirlo, que dificultan que otros se acerquen a Cristo?

El gesto de Jesús es concreto: abraza, impone las manos y bendice (Mc 10,16). La evangelización comienza también así: con una acogida que se hace cercanía, escucha, cuidado y respeto por la dignidad de cada persona.

Pero el Evangelio también nos invita a hacernos como niños: a abandonar la autosuficiencia, a reconocer que necesitamos de Dios y a recibir su amor con confianza. No se trata de renunciar a la madurez, sino de recuperar un corazón humilde, capaz de dejarse amar y de abandonarse confiadamente en las manos de un Padre que es puro Amor.

¿Qué parte de mí necesita volver a ser como un niño ante Dios? ¿Qué necesito abandonarle hoy en sus manos?

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