
Una pausa en el día para unirse a la misericordia del Crucificado
Santa Teresa de Jesús decía que la oración mental consiste en «tratar de amistad, estando muchas veces dialogando a solas con quien sabemos nos ama».
También podemos rezar mediante las oraciones vocales que la Iglesia nos ofrece.
Una de ellas es la “Coronilla de la Divina Misericordia”. Es una oración sencilla que podemos hacer en algún momento del día, deteniéndonos unos minutos para contemplar con el corazón a Jesús crucificado y confiar en su amor misericordioso.
Esta devoción fue difundida por santa Faustina Kowalska, religiosa polaca canonizada por san Juan Pablo II. Según relató en su *Diario*, Jesús le enseñó esta forma de oración.
Al rezar esta Coronilla, ponemos ante Él nuestras miserias, nuestros pecados, las heridas de nuestra vida y los sufrimientos de tantas personas que necesitan consuelo y esperanza.
¿Cómo se reza la Coronilla?
Se utiliza un rosario común, de cinco decenas.
1. Comenzamos haciendo la señal de la Cruz.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
2. En las tres primeras cuentas rezamos:
Un Padrenuestro.
Un Avemaría.
El Credo.
3. En cada cuenta grande, correspondiente al Padrenuestro, rezamos:
“Padre eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación por nuestros pecados y los del mundo entero.”
4. En cada una de las diez cuentas pequeñas, correspondientes a las Avemarías, repetimos:
“Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.”
Repetimos estas dos oraciones en las cinco decenas del rosario.
5. Al terminar las cinco decenas rezamos tres veces:
“Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.”
Podemos concluir con esta oración:
“Dios eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros tu mirada bondadosa y aumenta tu misericordia en nosotros, para que en los momentos difíciles no desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.”
Al decir «ten misericordia de nosotros y del mundo entero”, no rezamos solamente por nosotros. Extendemos nuestra súplica a quienes sufren situaciones muy dolorosas, a quienes están solos, a quienes se han alejado de Dios y a quienes necesitan encontrar el camino del perdón y de la esperanza.
Su misericordia, que siempre es más grande que el mayor de nuestros pecados. Jesús siempre nos ofrece el perdón y nos invita a comenzar de nuevo.
Jesús en Vos confío





