«El Angel de la Guarda» de Bartolomé Esteban Murillo

La obra «El Ángel de la Guarda» de Bartolomé Esteban Murillo es un ejemplo conmovedor del arte barroco.

En ella, un Ángel de gran belleza guía a un niño con total delicadeza.

Con una mano, el Ángel protege suavemente al niño, mientras que con la otra, señala el Cielo, mostrando el destino final del alma.

La pintura, que se encuentra en la Catedral de Sevilla, no se enfoca en la lucha contra el mal, sino en la relación de amor y confianza entre el alma y su protector celestial. Todo está envuelto en la atmósfera cálida y luminosa, tan característica del maestro sevillano.

El hombre y su Ángel de la Guarda

La Iglesia Católica siempre ha enseñado que cada persona tiene un ángel guardián. El Catecismo de la Iglesia dice: «Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida».

  • El Papa Francisco nos recordaba que el Ángel de la Guarda es un compañero constante: «Todos tenemos un ángel siempre al lado, que jamás nos deja solos y nos ayuda a no errar el camino». Nos invitaba a reflexionar sobre nuestra relación personal con el ángel custodio: «¿Lo escucho? ¿Le doy los buenos días en la mañana? ¿Le pido consejo? ¿Está a mi lado?».
  • San Francisco de Sales animaba a tener una relación constante con él, viéndolo como un compañero de viaje. Aconsejaba: «Honra a tu ángel custodio; invócalo a menudo; ámalo y confía en él”.
  • San Juan Bosco, que trabajó con jóvenes, tenía una devoción especial por el ángel de la guarda. Solía aconsejar a sus muchachos: «Pidan siempre ayuda al ángel de la guarda en las dificultades y en los peligros, y él los defenderá». También decía que nuestro ángel guardián «es un amigo que Dios te ha dado para acompañarte a lo largo de tu vida”.

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