La Vocación de San Mateo – Caravaggio (1599-1600)
Una de las obras maestras del barroco y uno de los cuadros más impactantes de la historia del arte cristiano es «La Vocación de San Mateo», pintada por Caravaggio para la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma.
Es un Óleo sobre lienzo, en el que utiliza su famoso “tenebrismo”: un fuerte contraste entre luz y oscuridad. Un rayo de luz divina entra desde la derecha (la misma dirección de la que proviene Cristo) e ilumina el rostro y la mano de Mateo, separando claramente el mundo de la gracia del mundo del pecado.
¿Qué está sucediendo en la escena?
Cinco hombres están sentados alrededor de una mesa contando monedas. Mateo era publicano, es decir, cobrador de impuestos para los romanos, considerado un pecador y traidor por los judíos, como un ícono de la corrupción de esos años. De pronto aparece Jesús acompañado de Pedro, señalando directamente a Mateo con la mano. Ese gesto es casi idéntico al de Dios creando a Adán en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel: es la llamada creadora, la llamada que da una nueva vida.
Mateo, sorprendido, se señala a sí mismo como diciendo: “¿Yo?”. Sus compañeros siguen concentrados en el dinero, ajenos al milagro que ocurre. Solo un joven a la derecha parece intuir que algo trascendente está pasando.
Dios nos llama, más allá de nuestras miserias.
Esta obra es un poderoso testimonio de la Misericordia de Dios. Jesús no llama a santos perfectos, sino a pecadores, como cada uno de nosotros. No espera que Mateo se “arregle” primero: lo llama tal como está, en medio de su negocio sucio y su vida mundana. La luz de Cristo irrumpe en la oscuridad del pecado y transforma una vida.
Caravaggio, que tuvo una vida turbulenta y conoció personalmente el pecado y la gracia, pinta con realismo crudo: rostros comunes, ropa de la época, suciedad en las uñas para recordarnos que la santidad no es para “otros”, sino para cada uno de nosotros.
Aunque te sientas indigno, aunque tu vida parezca llena de “monedas” y miserias, Cristo te llama. Solo hace falta responder como Mateo: levantarse y seguirlo. Y hacerlo una y otra vez, siempre. Como decía el Papa Francisco: Dios no se cansa de perdonarnos somos nosotros lo que nos cansamos de pedir perdón.
San Mateo intercede por nosotros









