El Rosario de los siete dolores de la Virgen María. Guía y Reflexión

Esta práctica espiritual trasmitida por generaciones de fieles es una antigua tradición de los cristianos.

Nos invita a un camino de contemplación de los profundos dolores que atravesó el Corazón Inmaculado de María en su peregrinar terrenal junto a su Hijo, conduciéndonos a una comunión más fuerte con la Madre de Jesús y Madre nuestra.

¿En qué consiste y cómo nos ayuda esta devoción?

Recordaremos algunos momentos de sufrimiento en la vida de la Virgen

Contemplaremos:

La profecía de Simeón cuando presentó al Niño en el Templo (Lc 2,34-35);

La huida a Egipto para evitar que Herodes matara al Niño (Mt 2, 13-15);

Cuando el Niño Jesús fue perdido por sus padres y encontrado en el Templo (Lc 2,41-50);

El encuentro de María con Jesus llevando la cruz (Vía Crucis Cuarta Estación);

La muerte de Jesús en la Cruz; (Jn 19,25-27)

El Cuerpo de Jesús entregado a su Madre; (Via Crucis Decimotercera Estación)

La sepultura del Cuerpo de Jesús y la profunda soledad de María. (Jn 19,40-42)

Nos ayudará a recorrer nuestras propias experiencias de dolor para sanarlas, será un bálsamo para nuestras propias heridas.

La realidad de este mundo es que el mal, en cualquiera de sus formas, se hace presente a lo largo de nuestra vida.

Contemplando el dolor de María reconoceremos nuestros propios sufrimientos y los de los demás: las angustias por carencias o dificultades materiales, el miedo ante persecuciones de cualquier tipo o la desolación por la falta de paz. El sentimiento de tristeza y dolor en carne propia por algún ser querido que sufre o que ya no está; las heridas por actos de injusticia; los golpes inesperados, las contradicciones de la vida y la desesperanza por las dificultades que parecen no tener salida.

En momentos de aflicción Ella, que padeció junto a su Hijo, como ninguna otra criatura a lo largo del tiempo y del espacio, está a nuestro lado como lo estaba con El mirándolo padecer y morir torturado en la Cruz.

A Ella podremos recurrir con confianza, sin importar el tamaño de nuestros pecados y miserias, y también encomendar a los demás, porque su corazón maternal que fue traspasado de dolor, desborda de amor también por nosotros, sus hijos adoptivos.

Unirnos a ella en momentos difíciles producirá en nuestro corazón una paz consoladora y  la fortaleza que nace de la fe.

Ella intercede por nosotros y nos sostiene en medio de las dificultades de la vida. Nunca dejaremos de estar acompañados por nuestra Madre Celestial. ¡Aferrémonos siempre a su mano protectora y maternales! La Guia de esta hermosa Devoción, la podemos encontrar bajo el título “El Rosario de los siete dolores de la Virgen María”, en diversas paginas católicas en internet.

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