Navidad: Jesús elige tu corazón para volver a nacer

La Navidad es mucho más que luces, regalos y celebraciones. Es el recuerdo vivo de que Dios decidió hacerse cercano, pequeño y sencillo en un pesebre, para habitar en medio de nosotros. En Jesús, el Niño de Belén, encontramos la ternura de un Dios que no se olvida de sus hijos y que sigue naciendo cada vez que abrimos el corazón.

También es recordar, celebrar y hacer presente el nacimiento de Jesús en nuestra vida, como nos comparte el Padre Sergio Chauque desde la Parroquia Santiago Apóstol, ubicada en Av. 9 de Julio 260, Campo Quijano, Salta.

Celeste Pacheco, del equipo de Corazón Cristiano, dialogó con el Padre Sergio, quien recordó que Jesús eligió nacer en un pesebre, en la sencillez, entre fragilidad y pobreza. Y no fue casualidad. El párroco nos invita a mirarnos por dentro y reconocer que muchas veces nuestro corazón también se parece a ese pesebre: a veces con dolor, con heridas, con enojo, con cosas que nos avergüenzan o que creemos “indignas” para Dios. Pero Jesús quiere nacer ahí, justamente ahí. No importa cuánto hace que no rezás, no importa tu pecado ni tus caídas. Lo único importante es que le abras un pequeño espacio en tu corazón.

Y para vivir la Navidad con un corazón preparado, el Padre Chauque nos regala tres gestos sencillos, pero profundamente cristianos:

• Primero, agradecer.

Agradecer a Dios, a la vida, a los hijos, a la familia, al esposo o la esposa… ¡hasta a la suegra! Agradecer al trabajo, a los compañeros, a quienes caminan con nosotros. La gratitud abre el corazón a la gracia.

• Segundo, pedir perdón.

Perdonar y pedir perdón no nos quita nada: nos libera. Nos saca la bronca, el enojo, el peso que cargamos. Perdonar es reconciliar el corazón.

• Tercero, repartir bendiciones.

Tomar el celular y enviar una bendición a la familia, a los amigos, a quienes queremos. Sembrar palabras de paz, fe y amor.

Y para quienes viven una Navidad difícil, por una pérdida, una enfermedad o una tristeza profunda, el Padre recuerda que la Navidad es también un momento para hablar con Dios y entregarle nuestras cargas: el duelo, el miedo, la angustia, la soledad. Cuando nos atrevemos a poner todo eso en sus manos, Dios transforma el dolor en un camino de sanación, de bendición y de paz.

Porque, al final, Jesús viene a devolver la esperanza.

Él nace para recordarnos que no estamos solos, que nuestra vida tiene valor y que, aun en medio de la prueba, Dios sueña con vernos felices.

Que esta Navidad Jesús vuelva a nacer en tu historia, ilumine tus sombras, sane tus heridas y renueve tus sueños. Porque en cada corazón que confía, Dios escribe milagros.

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