Cuando Santa Teresa murió en 1582, sus hermanas revisaron sus pocas pertenencias. Tomaron su breviario (el libro de oraciones que los religiosos rezan varias veces al día) y, al hojearlo, encontraron un pequeño papel.
Allí, con su propia letra, había escrito estas líneas: «Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Solo Dios basta.”
No era un poema para el público; era una nota que Teresa se escribió a sí misma. Era el recordatorio que ella necesitaba leer cada vez que abría su libro para rezar, quizás en medio de la angustia o el agotamiento.
Teresa de Ávila no era una monja de clausura tranquila. Era una reformadora «andariega», como algunos la llamaban despectivamente. Seguramente escribió esto en medio de los difíciles momentos de su vida.
Recordemos que en algún momento la Inquisición la investigó, temiendo que fuera una hereje. Algunos de sus propios hermanos de la orden carmelita la rechazaban por querer reformarlos. Vivió casi toda su vida con dolores físicos, parálisis temporales y fiebres
Fundó 17 conventos viajando en carretas por duros caminos y lidiando con innumerables dificultades y contradicciones para llevar adelante su obra .
En solo algunas líneas, Santa Teresa resume grandes puntos de lo que creemos los cristianos:
Limites de nuestra existencia terrena: Frente a la fragilidad de la condición humana, acepta que en la vida hay cosas que turban y espantan, pero llama a vencer esa realidad (“Nada te turbe, nada te espante”)
Esperanza: Recuerda la temporalidad del sufrimiento y la necedad de apegarse a las cosas temporales. Se pueden superar la noches oscuras del alma, los dolores físicos y las traiciones («todo se pasa”)
Confianza en la providencia: Afirma la soberanía de Dios Creador y Padre, nuestra Roca Firme («Dios no se muda”)
Sabiduría de vida: Propone la paciencia como un camino seguro (“La paciencia todo lo alcanza”)
Fe en la única Fuente de Vida: La certeza absoluta de que Dios es el único que lleva a la plenitud y felicidad («Solo Dios basta”).
Mira el video del Papa Francisco recitando lo que para nosotros pasó a ser un poema inmortal.








