Quizas cuando recitas el Credo, proclamas tu fe en “la Comunión de los Santos”, no sabes mucho lo que significa. Sin embargo es una de las verdades más hermosas y consoladoras de nuestra fe: tenemos una familia espiritual, no estamos solos.
Los Evangelios nos hablan de una realidad que no vemos, pero a la que estamos unidos completamente en nuestra vida terrena.
Asi como somos cuerpo y alma, como una unidad inseparable, así también, formamos parte de una gran familia espiritual con la que interactuamos sin ser conscientes de ello.
Esa familia es la “Comunión de los Santos”. Santos no por ser perfectos sino por estar unidos a Cristo en el bautismo.
Está compuesta por los que vivimos ahora en la Tierra, por los que ya están en el Cielo y por aquellos que se están purificando de sus faltas de amor en el Purgatorio.
Esa familia tiene una forma de comunicarse: la oración y nuestras acciones. Como todas ellas, sufre cuando algún miembro se aleja y se fortalece y alegra si algún hermano ayuda a su semejante, uniendo su corazón al del Señor, en este Cuerpo Místico.
Es una red de amor invisible que supera tiempo y espacio. Por eso podemos hablar y pedir intercesión a los santos, por eso nuestra oración por nuestros difuntos que estén purgando sus culpas o por cualquier persona que necesite de nuestra oración, tiene un poder inmenso, por eso podemos sentir la fuerza y gracia cuando pedimos ayuda y consejo a aquellos que gozan de la unión con el Amor en el cielo.
No estamos solos nunca. Somos parte de esa familia cuando rezamos en la soledad de nuestra habitación, o cuando sufrimos en silencio y ofrecemos ese sufrimiento para el bien de alguien. Cuando hacemos un acto de caridad eso repercute en esa red de amor, así como cuando no somos fieles al amor.
Nuestra lucha nunca es en soledad. Estamos unidos a millones en la tierra, nos podemos abrazar a nuestros queridos difuntos, nos podemos poner bajo la protección de los santos del cielo que están llenos de amor que desborda, y por supuesto de María, la Madre de Cristo y Madre nuestra en la familia del Cielo.
En esa familia tenemos hermanos, que nos ayudarán a levantarnos de nuestras caídas, a superar nuestras debilidades, a abandonarnos a nuestro Padre del Cielo. En esa familia podremos compartir nuestros anhelos y tristezas, nuestros dolores y alegrías. Es una inmensa familia que solo quiere que levantemos nuestra vista, que abramos nuestro corazón para unirnos a esa circulación del amor divino y su gracia. Te invito a vivir la Comunión de los Santos, y sentir el poder de su intercesión y la fuerza que viene del cielo. Unete al amor que rompe toda frontera y dimensión temporal. No estamos solos, nunca lo estaremos.




