El Milagro Eucarístico de Buenos Aires

¿Qué es un Milagro Eucarístico?

En la Misa, la fe nos enseña que el pan y el vino se convierten realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, aunque nuestros sentidos sigan percibiendo pan y vino.

Un Milagro Eucarístico es un signo extraordinario donde Dios permite que nuestros sentidos también perciban esa realidad: ocurre cuando la Hostia o el vino consagrado asumen visiblemente la apariencia y las características de tejido humano y sangre.

El más antiguo que se conoce es el de Lanciano, Italia (Siglo VIII). Allí, la Carne y la Sangre permanecen incorruptas, visibles para nosotros, más de 1.300 años después.

El milagro de Buenos Aires

El milagro de Buenos Aires de 1996, es uno de los más recientes y mejor documentados científicamente. Una hostia consagrada, que había caído al suelo, fue colocada en agua para que se disuelva (como indica el procedimiento de la Iglesia a seguir en estos casos), pero días después se transformó en una sustancia roja y carnosa.

El párroco de la parroquia de Santa Maria en Almagro, Buenos Aires informó al entonces arzobispo Bergoglio, quien dispuso que la sustancia fuera fotografiada y que se mantuviera en el Sagrario.

Durante tres años se mantuvo así y no mostró ningún signo de descomposición. Frente a esto Monseñor Bergoglio ordenó una investigación científica rigurosa.

Se envió una muestra a laboratorios de los Estados Unidos, sin informarles su origen. Luego de diversos estudios, el Dr. Frederic Zugibe, reconocido cardiólogo y patólogo forense estadounidense de la Universidad de Columbia, concluyó que la muestra que se había enviado era de un músculo cardíaco e identificó sangre tipo AB y glóbulos blancos, que indicaban que el corazón había estado activo en el momento que se tomó la muestra. (los leucocitos son células sanguíneas que se desintegran a los pocos minutos que el tejido deja de recibir flujo sanguíneo). Un hecho inexplicable para la ciencia.

El Señor siempre está ahí, en el Sagrario, la mayor parte del tiempo en total soledad. El Papa Francisco nos decía que “la Eucaristía no es un recuerdo, no es una representación… es una presencia….En la Eucaristía está precisamente Él, Jesús.”

La vida fragmentada y ansiosa de hoy, nos aleja del encuentro con ese Tesoro de la Presencia viva de Cristo que nos nutre, nos transforma, nos hace descansar en su Amor.

Es el lugar donde también le podemos compartirle los problemas del día, las dificultades espirituales o materiales que nos turban, o solo contemplarlo y alabarlo. 

Santa Teresita decía que ella no se preocupaba por «sentir» algo o por tener pensamientos profundos. A menudo, admitía que durante su adoración…se quedaba dormida. Decía que un padre no ama menos a su hijo porque se duerme en sus brazos. Para ella, la adoración era simplemente «hacer compañía» a Jesús. Su frase era:»Yo no le digo nada, simplemente lo amo.» Y no es para “santos”, sino para hacernos santos. Visitemos a Jesus en el Sagrario, transformará nuestra vida.

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